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Hace solo 71 años Dante José María y Torcuato Enrique Pascual Emiliozzi, iniciaban un largo y exitoso camino.

Los “Gringos” y todo lo que representaban, no tienen una fecha de debut cierta. Pertenecieron a una estirpe de mecánicos que sin tiempo ni espacio, ocuparon un espectro vital en los pueblos del interior, rellenando con sabiduría e ingenio ese espacio que se generaba en la época.

Había que arreglar lo que estaba roto y sino fabricarlo de nuevo, con autógena, torno y gran inventiva. Los “maestros” de la calle Necochea, se iniciaron como muchos otros, pasando horas remendando fierros en un galpón alumbrado por la claridad que asomaba por el viejo portón del frente.

 Dante y “Tito” Emiliozzi, se sintieron seducidos por ese sentimiento de andar a fondo, y entendieron cómo se podía hacer, para que se concretará esa realidad. Siempre fueron sinónimo de velocidad, de metas que parecían imposible alcanzar. Les sobraba capacidad, y le ponían esfuerzo, ingenio y trabajo a sus objetivos.

El 23 de abril de 1950, luego de adquirir la cupé a Indolfo Letoile en Tandil, empezaba la historia de la mítica “Galera”. Ese año corrieron dos carreras incursionando en un mundo nuevo. Fueron innovadores, armaron un motor Ford equipado con válvulas a la cabeza.

En esos tiempos, el desafío de los carreteros se caracterizaba por la presencia del piloto-mecánico. Las carreras eran extensas y había que “vivir” detrás del volante diez y doce horas sin ningún tipo de descanso. Por eso, las posibilidades mayores estaban dadas para el piloto que tuviera conocimientos sólidos de mecánica, condición fundamental para subirse a esos tremendos bólidos. El piloto por excelencia, no tenía cabida en el Turismo Carretera de esos años.

Les costó sudor y lágrimas ganar a los “notables” gringos, en el 51 fueron terceros en La Pampa y segundos en la Vuelta de Tandil, detrás de Luis Angel de Dios. Un año después cuando ganaban en Chacabuco, los “detuvo” el tren, logrando el triunfo en aquella jornada, Raimundo Caparros.

La primera victoria llegó en Chacabuco en una carrera reservada para “No Ganadores” en la temporada 1953, y luego cristalizaron su segunda momento de gloria el 13 de Septiembre de esa temporada, en las 500 Millas Mercedinas .

El público los convirtió en ídolos por años, fueron los grandes rivales de los Gálvez y se enfrentaron con la nueva generación de los sesenta con Pairetti, “Tuqui” Casá, “Maneco” Bordeu, Jorge Cupeiro, Rios, Rienzi, Copello y Gastón Perkins.

Ganaron y perdieron, pero sus abandonos y deserciones eran en la punta, en el frente de la “trinchera”. Marcaron una época, una realidad que los llevó a forjar cuatro campeonatos consecutivos y derrotar con enorme esfuerzo y convicción el progreso encarnado por la juventud teceista.

Por Luis Orlando Sánchez

 

 

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