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Mié, Ago

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Juan José Gato Barbery se convirtió en el primer periodista latinoamericano en terminar un Dakar. Antes de la emotiva llegada a Olavarría habló con EL POPULAR Medios.

Javier Torres
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La página oficial del Dakar deberá actualizar a la brevedad la información relacionada con Juan José Barbery, ya que el piloto de Olavarría alcanzó su objetivo: ser el primer periodista latinoamericano en terminar el raid de más de 8.000 kilómetros entre Perú, la Argentina y Chile. Después de dos abandonos y la profunda tristeza de haber perdido a su amigo Jorge Martínez Boero en la primera etapa de la edición 2012, el Gato decidió volver a intentarlo en honor a su amigo caído en competencia. Y lo logró.

"Terminar mi primer Dakar se resume en esta pequeña medalla. Antes de irme dije que era un verdadero honor representar a Olavarría. Voy a estar eternamente agradecido a la ciudad, a quien está dedicada la medalla", dijo a EL POPULAR Medios, minutos antes de llegar a la intendencia de Bolívar y cuando todos lo esperaban en la ciudad.

 

Barbery reconoció que hasta el 5 de enero de 2013 había vivido el "Dakar malo", al entender que "en 2011 cometí muchos errores por falta de experiencia y en 2012 la muerte de Jorgito Boero resultó difícil de llevar adelante. Para esta edición pasamos en limpio muchas de las cuestiones que nos habíamos equivocado. Cuando arranqué en Lima empecé a disfrutar de cada día, más allá de las duras jornadas", contó vía celular.

Etienne Lavigne, director de la competencia, aseguró que largar desde Perú imprimía "mayor dificultad" para los pilotos. Es que el desierto peruano es completamente diferente al chileno, ya que la temperatura ambiente superó los 40 grados contra los 25 del trasandino; el viento y las tormentas de arena fueron una constante; y las dunas -con cortadas bruscas e imperceptibles al ser todas de un color uniforme- confunden y exigen un altísimo nivel de concentración a los pilotos.

No había tiempo para la improvisación. Las dificultades de los cordones de duna arrancaron en pleno desierto provocando una alta tensión. "Las seis primeras etapas no nos dieron respiro. El primer día, sólo con el crono de 13 kilómetros, y el último en Santiago de Chile fueron los dos 'livianitos'. Después, cada jornada tuvo obstáculos y situaciones muy complicadas".

Entre los desafíos, el Gato apuntó el Cruce de la Cordillera en dos ocasiones. El primero a través del Paso de Jama, llegando a transitar a 4.975 metros de altura sobre el nivel del mar antes de arribar a Salta. La jornada se opacó con la triste noticia de la muerte del piloto francés Thomas Bourgin, víctima de una accidente de tránsito mientras se trasladaba hacia la frontera. Más allá del dolor por la pérdida de un colega, los integrantes de la caravana soportaron el largo enlace previo a la disputa de la prueba cronometrada.

"El hecho de realizarlo es impactante, pero sucedió el día que falleció el piloto francés. Pasar por el lugar del accidente me revolvió emocionalmente. Me retrotrajo a todo lo sucedido con Boero el año anterior. Los chicos que venían detrás me ayudaron a superar ese momento y seguir adelante", añadió.

La etapa 12, que tuvo un total de 715 kilómetros, marcó la despedida del Dakar 2013 de la Argentina, tras seis días en el país en los que recorrió siete provincias, e incluyó el segundo y extenuante cruce de los Andes, está vez por el Paso de San Francisco.

Luego de las temperaturas bajo cero y del apunamiento del cruce de la Cordillera, los pilotos se adentraron en la especial del día de 319 kilómetros, en los que se reencontraron con el desierto de Atacama, sus dunas, pendientes pronunciadas, tramos pedregosos y muy rápidos, en los que fue clave la navegación. "Para el segundo cruce ya se acumuló el cansancio físico y mental, y todo se complicó. Hizo mucho frío de entrada y los primeros 180 kilómetros fueron durísimos. Sumado a eso luego venía una especial muy largo", continuó el olavarriense.

El momento que el Gato describió como primordial para cumplir el objetivo de llegar a la meta ocurrió en la etapa anterior al día de descanso en Tucumán: "Hubo un problema antes de la largada, donde a siete pilotos, entre los que estaba incluido, nos habían dado la hoja de ruta equivocada. Fue un momento de nervios, porque no tenía anotaciones ni detalles. Lo pude superar y más tarde le comentaba a Alfredo Sacher como a Fermín Urdampilleta que fue como un clic dentro de la carrera porque hubo que resolverlo, y me reforzó la confianza en cada una de las etapas, porque además se quemó el rodbook, el aparato sin motor, y lo tuve que manejar manualmente. Ya no había trabas para seguir para adelante e hizo que estuviera más enfocado para el objetivo".

"Después del día de descanso haber pasado la etapa de Fiambalá significó mucho a nivel emotivo para seguir. Sabía que superando la etapa Copiapó - La Serena, que también iba a ser muy dura, y el objetivo estaba cerca", enumeró. Aunque reconoció que "no debía desconcentrarme hasta la última tarjeta que me sellaron, porque cualquier cosa me podía dejar fuera de carrera".

El Dakar dejaba atrás Perú para adentrarse en territorio chileno, pero el panorama seguía siendo el mismo: arena, arena y más arena. "La etapa Arequipa - Arica mostró muchos médanos, bastantes grandes, pero eso nos iba preparando para lo que vendría después... toneladas de 'fesh fesh' (una arena extremadamente fina que parece talco, muy blanda y que se mete por todos lados). Lo mismo sucedió entre Arica - Calama, muy cerca de Iquique, con dunas enormes en escalones. A pesar de tener confianza nunca le perdí el respeto".

El paso del Dakar por la Argentina lo mostró satisfecho al piloto de Olavarría. "Las etapas fueron duras pero al estar en tu propia y el apoyo del público me permitieron pasar los kilómetros más rápidos. Le agradezco a todas las personas que se acercaron a la ruta. Había carteles de Olavarría que viajó especialmente para ver las pruebas especiales. Lo mismo que el aliento y el grito de Lucas Pagano en Cañada de Río Pinto, en Córdoba. Los reconocí, saludé y seguí porque estaba en la especial".

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